lunes, 9 de julio de 2012

Capítulo 31

-No me cansaré de daros las gracias por dejarme vuestra casa.-dijo Charlotte.
-Charly, cariño, somos amigas, es nuestro deber ayudarte.-dijo Camila.
-Ya…Pero aún así creo que sois demasiado buenas.-dijo ella.- Y quiero compensároslo, ¿Por qué no me decís cuanto valdría el alquiler de una sexta parte de la casa y yo os la pago?
-Que no hace falta, pero serían…-cogí una hoja de papel y calculé más o menos cuanto podría costar, no era un precio elevado al ser entre 6 personas, pero me sabía mal hacerle pagar.
Le dije la cantidad y llegamos al acuerdo.
Oí el timbre, era Nico que traía un pastel de carne para hacer al horno.
-Hola, Nico.-dijimos dándole dos besos.
-Hola, chicas, ya os echaba de menos, ¿estamos todos, no?-preguntó.
-No, faltan Zack y Giulia, la amiga de Leo.-dijo Camila.
-Ah,¿voy metiendo esto en el horno?-preguntó.
-¿Cuánto tardará en hacerse?-pregunté yo.
-Una hora, más o menos.
-Mételo, porque es la una y media.-dijo María.
Charlotte apareció.
-Ya he metido toda la ropa en mi armario, y he adornado un poco mi habitación con mis cosas, estaba muy sosa.-dijo Charlotte.
-Antes toda la casa era sosa, ¿sabes ese espejo tan bonito del baño y las lámparas de lava de las habitaciones? Pues no estaban, tuvimos que ir decorándola.-dijo Violeta.
-Ahora es una casa preciosa.-dijo Nico.
-El día que digas algo que no sea agradable tendremos que grabarte para creérnoslo.-dije yo.
-No seas exagerada, yo puedo ser muy desagradable.-dijo él intentando no sonreír, algo imposible para él.
Todas nos echamos a reír.
-Nico, por eso eres nuestro amigo, porque eres único, muy poca gente es capaz de sonreír como tú a todas horas o de controlar algunos insultos que le gustaría chillar.-dijo María.
Oímos el timbre, era Leo, que había bajado a comprar pastel de chocolate para tomar de postre.
Le abrí y nos dimos un beso.
-Ciao,-nos saludó a todos en italiano.-La dependienta me ha dejado probar los cinco pasteles diferentes de chocolate y este estaba buenísimo.-dijo relamiéndose y señalando la cajita de cartón dorado que tenía en las manos.
-Déjalo en la cocina, cariño.-le dije.
-Sí, en la nevera, no se vaya a estropear.-la radio se encendió y sonó la canción “Clocks” de Coldplay.
-Me encanta esta canción.-dijo Violeta tatareándola.
Volvimos a oír el timbre, esta vez era Zack.
Camila le abrió la puerta y le dio un beso un poco agresivo, pero con amor.
-Te echaba de menos.-le dijo Zack.
-Y yo.-dijo Camila.
Violeta y Nicolas charlaban acerca de la película “Forrest Gump”, Leo y yo decidíamos cual era el mejor pintor del mundo, Zack y Camila se daban el lote en el balcón, y María y Charlotte hablaban de México, cuando sonó el timbre que indicaba que Giulia había llegado. Leo abrió la puerta y allí estaba ella, deslumbrante con sus largos rizos pelirrojos.
Le dio dos besos a Leo y nos saludo con un estúpido “Hola”. Se incorporó a nuestra conversación convirtiéndola en “Leo es el mejor pintor del mundo”, empezó a hablar de lo maravilloso que es Chicago, luego habló de Italia, de Calabria, su pueblo de origen y al fin Nicolas, dijo:
-El pastel de carne ya está hecho, ¡a poner la mesa!
Todos pusimos la mesa, excepto Camila y Zack que no habían salido del balcón a conocer a Giulia, ¡qué suerte tenían!
Cuando la mesa estaba puesta y lo único que se oía era la carcajada histérica de Giulia, Camila y Zack bajaron a la mesa.
Cuando Giulia vio a Camila,sus ojos pasaron a ser del color del odio en vez de verdes.
-¡Puta! Te voy a matar, y seguro que en esta cocina hay cuchillos.-dijo ella acercándose a los cajones y olvidándose de Leo.
-¿Eres la exnovia de Zack?-preguntó Leo.
-Sí, y pronto seré su novia, porque si no consigo que dejes de salir con esa mosquita muerta de Amelia, las mataré a las dos.-dijo ella sin pensar en lo que estaba diciendo.
-Cariño, tranquilízate.-dijo él, intentando que no abriera el cajón de los cuchillos.
-¡¿Por qué dejarla con vida?! Me ha quitado lo único que tenía y se merece morir.
-Giulia, lo nuestro se habría acabado de una forma u otra, no la culpes a ella.-dijo Zack.- Camila, vete, es capaz de hacerte daño.
-No la protejas, ella es la culpable de esta situación, pero si no te puedo matar a ti, la mataré a ella.-dijo señalándome a mí.
-Giulia, tranquila, escúchame, ¿Por qué no cambias de aires? Seguro que te va bien, vete a Calabria y seguro que conoces a un chico fantástico.
-No me da la gana.-dijo y consiguió empujar a Leo y coger un cuchillo.-Tú me has quitado a Leo, siempre lo quise.
-¡Pero si tú rompiste conmigo!-dijo él.
Vi como Violeta llamaba a la policía y ahora lo único que había que hacer era perder el tiempo.
-Venga, Giulia, podemos ser amigas, ¿no te gustaría tener una amiga?-le dije.
-Hace mucho que no tengo amigas, todas me fallan, se aprovechan de mí y me dejan plantadas, exactamente como todos los tíos.-dijo chillando.
-Tendrás que elegir mejor.-dije muy flojito.
-¡Basta de charla!-dijo.- Ahora tengo que acabar con esto, pero os mataré a todos, porque no puedo dejar pruebas, testigos.
-¿Y cómo vas a explicar que estuvieras en una cocina sola y de repente murieran más de 6 personas acuchilladas?
-Este cuerpo no sirve solo para ligar.-dijo señalándose a si misma.
-No todos los polis aceptan sobornos.-dije yo asqueada de lo zorra que era.
-Pero los que yo conozco sí.-dijo ella con una sonrisa.
-Giulia, las cosas no se arreglan matando a la gente, no eres la mafia italiana, eres una chica. No puedes matar a todo el mundo que te caiga mal.
-Sí que puedo, ¿quieres ver como lo hago?
-¡Las cosas no se solucionan así!-dijo Leo.- Si la matas no saldré contigo ni muerto, drogado, torturado y borracho.
Entonces empezó a llorar, se tiró al suelo y no se le veía la cara, su cascada de rizos pelirrojos se la tapaba, era una chica bipolar, eso estaba claro y estaba loca de atar.
-Yo siempre he sido la chica de la que todos los chicos se aprovechan, nunca me he enamorado y nunca nadie se ha enamorado de mí, nunca he sido feliz, sabéis, no es la primera vez que hago esto. Creo que es mejor que acabe con este sufrimiento.
-Lo podemos arreglar.-dijo Leo.- No es siempre la mejor solución la muerte.
-Pero es la más fácil.-dijo ella.
-Dame el cuchillo, vamos a arreglar todo esto.-dijo él.
-No, me voy a suicidar.-dijo ella.
-Giulia, hay gente que te quiere, Leo te quiere mucho, pero como amiga.-dije yo.
-¿En serio? Yo no lo creo, os he intentado matar, os he amenazado y aún así no vais a huir de mí y vais a dejar de quedar conmigo, yo creo que no.
Y entonces entró, al fin, la policía.
Llevaba una pistola y apuntaban a Giulia.
-No se mueva, señorita.-dijo el policía.
-¡Máteme, acabe con mi sufrimiento!-dijo levantándose.
-Señorita ,no se mueva, si quiere morir hágalo de otra forma, pero hágame caso por favor. No quiero hacerle daño.
-Por favor, máteme.-dijo ella acercándose a la pistola y llorando.
-No, no la voy a matar, aléjese y siga mis instrucciones.
-¿Tengo que amenazarle para que me mate? ¿Tengo que enseñarle el cuchillo?-dijo ella.
-Giulia, haz caso al policía, todo va a salir bien.-dijo Leo, acercándose a ella.
-No, déjame en paz, vosotros no me queréis, sois una panda de hipócritas.- Y tuve que admitir que tenía razón.
-Señor, máteme.-dijo ella.
Se acercó al policía y le acercó el cuchillo al policía, estaba a punto de clavárselo y matar al policía cuando se oyó un disparo.
Giulia cayó al suelo:
-Gracias.-susurró.- En el fondo espero que seáis felices, que tengáis mucho hijos.-y le resbaló una lágrima.
-¡Llamad a una ambulancia!-dijo Nicolas, que había cogido un trapo e intentaba que no saliera mucha sangre de el agujero que había ocasionado la bala.
Leo lloraba, estaba loca, había intentado matarnos, pero era su amiga, habían vivido muchas cosas, había sido su primer amor.
-Se pondrá bien.-dije acariciándole la espalda.
-No, Amelia, se está muriendo delante de mis propios ojos y yo no puedo hacer nada.
-El destino lo ha elegido así.
-Sabes, gracias a ella te conocí.
Una sensación de culpabilidad me llenó, había sido cruel con ella, ni siquiera la conocía bien.
-Ella me dijo, que si quería enamorarme tenía que ir a un pueblo perdido, lejano y que cuando viera a una chica y notara que ella estaba hecha para mí, le preguntara cualquier tontería y me inventara mi historia de amor. Fue una de mis mejores amigas durante mucho tiempo, juntos buscamos un pueblo americano que pareciera bonito y que estuviera en la costa, porque había muchas cosas en las que no estábamos de acuerdo, pero había una cosa que nos encantaba a los dos y era la costa, el mar, el océano.
Se acercó a ella y aunque estaba pálida y el corazón estaba a punto de dejar de latirle. Le susurró al oído:
-Giulia, siempre serás la mejor. Te echaré de menos, porque aunque estés loca, eres mi mejor amiga.-parecía que ella le había oído porque sonrío.
Y Leo le dio un beso en los labios. No me puse celosa, era su mejor amiga, había muerto, gracias a ella existía un nuestro.
Le sonreí.
-Ella tenía problemas familiares, había visto como su padre mataba a su madre, acuchillada. Era bipolar y en el fondo frágil, vivía con una familia que no era la suya, la típica familia feliz, pero no era la suya. Nunca perdonó a su padre. Él se suicidó cuando ella tenía 15 años, pero no fue a su funeral.
Por eso la comprendo, por eso no me enfadé con ella cuando te intentó matar, ella ha pasado cosas muy difíciles, si te hubiera matado me hubiera enfadado, pero en el fondo sabía que lo hacía para que le prestáramos atención.
Apareció la ambulancia, que felicitó a Nicolas por intentar parar la hemorragia.
-¿Qué carrera quieres estudiar?-le pregunto Violeta.
-Medicina, Cirugía. Pero no estética.-dijo él que se había puesto colorado.
-Perdonen, ¿puedo ir con ella en la ambulancia?-dijo Leo.
-Sí, pero solo puedes ir tú.-le contesto.
-De acuerdo.-me despedí de él con un beso y le dije adiós.
-Estaba rematadamente loca.-dijo Camila, me dolió que dijera eso, pero supe que yo habría dicho lo mismo si Leo no me hubiera contado todo aquello.
-Sí.-dijo Violeta, que no paraba de mirar a Nicolas cuando él giraba la cabeza.
-¿Todos los días son así para vosotros?-dijo Charlotte.
-Todos no, pero hay algunos que son parecidos.-dije recordando cuando ingresaron a Leo, ahora la magia no lo podía arreglar.
-Sí, aquí nunca pasan cosas normales, aquí a lo grande.-dijo María riéndose.
Todos nos reímos, tenía razón.
Nicolas se fue al balcón.
-Violeta, es ahora o nunca. ¡Tienes que seguirle!-le dije yo.
-Pero, ¿y si es gay?-preguntó ella.
-Tú ve allí e intenta ligar con él.-dijo Camila.
-Está bien.-dijo ella.
Todos observábamos lo que pasaba en el balcón, cuando Nicolas parecía que le iba a decir algo importante, se calló y siguió hablando de algún tema irrelevante. Puede que en el fondo, no fuera gay…
Cuando vimos que salían del balcón empezamos a hablar como si nada y no notaron nada, ¿o sí?

Recibí un SMS de Leo, ponía: “Te necesito aquí, princesa, ven si puedes ;)”
-Adiós chicos, voy al hospital.-les dije a todos, me despedí de todos con dos besos. Cosa que me costó unos 5 minutos.
Le envié un mensaje: “¿Nombre del hospital?”
A los pocos minutos recibí “Saint Anthony Hospital”.
Miré desde el móvil que autobús coger y llegué al Saint Anthony Hospital, donde Leo me esperaba con una noticia.

Capítulo 32 aquí.

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