domingo, 26 de agosto de 2012

Capítulo 39

Me levanté temprano, tenía algo que decirle a Charlotte y tenía que ser rápida porque dentro de dos días empezaba la universidad y mañana tendría el examen de danza. Me vestí, me cepillé los dientes y me lavé la cara. Subí a la terraza, el único sitio donde estaría si estaba despierta.
Allí estaba, calentando, la saludé y empecé a hablar.

-Charlotte, tengo que hablar contigo sobre Brandon.-le dije seria.
-Claro, dime.-dijo mientras se ponía los zapatos de ballet.
-Creo que no tienes que dejarlo, que si lo quieres no deberías hacerlo. Olvida lo que te dije el otro día y dime sinceramente ¿Le quieres?
-Sí, para mí no hay nadie mejor que él, le amo.-dijo ella.
-Entonces no lo dejes marchar. Estuve pensando, y creo que si le dejas te sentirás mal, llorarás, no querrás salir de casa, todo te recordará a él y sufrirás, lo más importante. Por eso es mejor esperar a que tu corazón se canse de él. Ahora te parece imposible, pero tengo la sensación de que te acabarás cansando de sus defectos y se acabará.
-Gracias por el consejo, Amelia. No romperé hasta que deje de quererlo.
-Ah, otra cosa, no lo vuelvas a traer a casa.-dije yo bromeando.
-Tranquila, no lo haré.-dijo ella riéndose.
-Te dejo para que sigas practicando.-dije yo bajando las escaleras.
-Vale, adiós.

Mientras hacía el desayuno estuve pensando acerca de Liam. Durante aquella semana no nos habíamos vuelto a besar y procurábamos no quedarnos solos. Estaba hecha un lío, sabía que lo que había hecho estaba mal, pero Liam era mi amigo y no quería apartarlo de mí, tampoco quería hacer daño a Leo contándoselo. ¿Qué se suponía que tenía que hacer?

En seguida estaba toda la pandilla desayunando, incluyendo a Liam, que habían encontrado un pequeño estudio en el centro.
El único que no estaba era Nicolas, que solo venía por las tardes y se pasaba todas las mañanas con Violeta.

-Buenos días, familia.-dijo Camila.
-Buenos días.-dijimos todos a coro.
-Hoy tenemos que ir a ver a Violeta, seguramente ya pueda salir del hospital.-dije yo.
-¿Hoy? ¿Estás segura?-dijo María.
-Sí, le dijeron que con suerte saldría hoy.-contesté.
-Pues nada, vámonos.-dijo Liam.
Todos cogimos nuestras cosas y salimos del piso.
Llegamos al hospital y recorrimos el pasillo por el que durante semanas habíamos pasado millones de veces


Nico estaba con Violeta, susurrándole cosas al oído, cuando entramos en su habitación.

-Hola, Nico.-saludamos todas con dos besos. Leo y Liam simplemente lo saludaron con la mano.
-¡Dentro de media hora me sacan de aquí!-dijo ella contenta.
-Te echamos de menos en nuestro piso gigante.-dijo Charlotte.
Violeta se rió. Apareció una enfermera con una silla de ruedas.

-Muy bien, Violeta. Siéntate.-dijo señalando la silla mientras la ayudaba a sentarse.- Tendréis que ayudarla a vestirse y a ducharse.
-La ayudaremos en todo lo que sea necesario.-dijo Nico.
-Tendrá que venir cada mes a hacerse revisiones.-dijo la enfermera.
-Yo mismo la traeré.-respondió Nico.
-Veo que tienes un gran novio.-dijo la enfermera.
-Sí.-dijo sonriente Violeta.
-Pues nada, hasta luego. Si tienes alguna molestia ven aquí enseguida y recuerda tomarte la pastilla.-dijo la enfermera.
-De acuerdo, adiós.-dijo Violeta.
Nicolas cogió rápidamente el mango de la silla y la dirigió a la salida.
-Puedo hacerlo sola, Nico, he estado practicando.
-Está bien.-dijo él soltándola.
-No te enfades.-dijo dándole un beso.
-No me puedo enfadar contigo.-dijo él en tono meloso acercándose a ella y besándola.
-Ehem, ehem, estamos aquí delante.-dijo Camila.
Todos nos reímos y llegamos a la galería de arte de Leo.
-Tenéis que ayudarme a colocarlos.-dijo él parándose en un local bastante grande y elegante.
Estuvimos una hora colocando todos los cuadros de forma más atrayente a los clientes.
-Bueno, ahora hay que ver cómo nos ha quedado.-dijo Leo.
-Empecemos.-dijo Liam.
Fuimos viendo todos los cuadros que con mucha paciencia habíamos colocado por temática y colores.
Realmente Leo era un gran pintor, y en cuanto empezara a ir a clases en la universidad sería aún mejor. Llegamos a la temática más personal, se titulaba: Amelia. ¿Romántico? Mucho.
En ese apartado estaban todos los cuadros en los que me había pintado, algunos estaban hechos por su imaginación ya que yo nunca había posado tumbada en una nube. Lo extraño era que en cada cuadro se veía una parte de mí, en una mi parte preocupada y tensa, en otras relajada y bondadosa, pero en todos se podía percibir que el que los había pintado amaba a esa tal Amelia.
Liam interrumpió mis pensamientos.
-Leo te llama, está en la sala de los paisajes.-dijo Liam.
-Ah, gracias por avisarme.-dije yo saliendo de esa sala.
-Espera.
-¿Sí?
-¿Sigues sintiendo lo mismo por mí?-me dijo él tímido.
-Sí, exactamente lo mismo.-dije yo, Liam no contestó y me fui a ver a Leo.
-¿Te gustan?
-Sí, me encantan.
-Pues te los dedico todos.-dijo Leo abrazándome.
-Oh, no hacía falta.-dije yo besándole.
-Sí que hacía falta.-dijo él.
-Que no.-dije besándole más.
-Que sí.-dijo él besándome y metiéndome la mano en la camiseta.
-Que…-dije sin acabar la frase, sus labios se habían vuelto a posar en mí.
-Aquí, no, Leo.-dije yo, sin apartarme.
-¿Por qué no?
-No hay cama, y además están nuestros amigos por ahí.-dije logrando separarme de él. Me pareció ver a Liam mirándonos escondido.-¿Hay baño?
-No.-dijo él triste.
-No me vas a convencer, avisemos a los demás y vayámonos.-dije yo andando hacia la siguiente sala.
-De acuerdo, mamá.-dijo él.
No le contesté, se acercó a mí bruscamente y me besó.
Finalmente nos fuimos de la galería y mientras Leo subía las escaleras me paré a hablar con Liam.
-¿Qué te pasa? ¿Estás loco?-le pregunté.
-No, ¿qué ha pasado?-me respondió él, ingenuo.
-¡Que me persigues y me espías!-dije yo.
-Shh, no mientas, te estás obsesionando conmigo.
-¿¡Qué?! Tú eres el que está obsesionado, déjame en paz.-le dije. Y en vez de alejarme y irme, esa mirada desafiante me trastocó y le empecé a besar, mucho, metí mi mano por debajo de su camiseta.
-Amelia, no pienso hacer esto, no voy a caer tan bajo. Estoy colado por ti y me atraes mucho, pero no pienso hacerlo contigo en mitad de la calle.-dijo él riéndose.
-Has empezado tú.-me defendí.
-Eso no te lo crees ni tú.-dijo él.
-Tienes un novio. Sube y acuéstate con él.-dijo él yéndose.
Ni siquiera pude despedirme de él, me sentía tan mal. Tenía un novio y me lanzaba en brazos de otro.
Tenía que olvidar ese lazo con Liam, pero no podía, era imposible.
Los dos eran espectaculares, persuasivos, guapos, inteligentes. Y no me podía decidir, nadie podía decidirse.

Capítulo 40 aquí.

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